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El sueño y los sueños

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Investigación científica de los Sueños

En 1953 Eugene Aserinsky, estudiante de medicina de la Universidad de Chicago, observaba los movimientos que durante el sueño hacían varios bebés.  Esto ocurría en el laboratorio del profesor Nathaniel Kleitman localizado en esa misma universidad.  Kleitman era a la sazón una reconocida autoridad en los fenómenos del sueño.  Aserinsky notó que durante ciertos períodos los ojos de los bebés parecían moverse continua y rápidamente.  Aserinsky y Kleitman decidieron investigar esto con mayor detenimiento  para lo cual colocaron electrodos alrededor de los ojos de los bebés.  Luego hicieron lo mismo con adultos.  El principal resultado de sus investigaciones fue el descubrimiento de  lo que llamaron movimientos oculares rápidos (MOR) (rapid eye movements o REM en inglés).   Aserinsky y Kleitman procedieron a despertar veintisiete veces a sus sujetos durante dichos períodos de movimientos oculares rápidos y encontraron que en veinte de esas ocasiones éstos reportaron estar soñando.  Por el contrario en diecinueve de veintitrés ocasiones en las que despertaron a sus sujetos mientras no estaban presentes estos movimientos oculares éstos reportaron que no estaban soñando.

Los estudios de Kleitman y Aserinsky marcaron el comienzo del moderno estudio experimental de los sueños.  Como resultado de sus investigaciones, y de las de sus sucesores, se han hecho numerosos descubrimientos sobre los sueños y su función en nuestra vida.

Todos/as Soñamos

En las épocas anteriores a los experimentos llevados a cabo por Kleitman y Aserinsky no se conocía cuán frecuentemente los seres humanos soñamos.  Incluso, existían teorías según las cuales soñar era síntoma de algún disturbio mental.  Benjamin Rush, prominente pionero de la psiquiatría y autor del primer tratado de esa materia escrito en los Estados Unidos, creía que  “los sueños son sólo ideas incoherentes causadas por un dormir parcial o imperfecto.”  Hoy, no obstante, sabemos que todos los seres humanos soñamos.  Más aún, la mayoría de los investigadores están de acuerdo en que casi todos los mamíferos y la mayoría de las aves sueñan (ver capítulo 1).  Lo que sucede con las personas que dicen no soñar es que sencillamente no recuerdan sus sueños.  Cuando una de estas personas que dicen no soñar duerme en un moderno laboratorio de sueños y se le despierta mientras está en plena fase de movimientos oculares rápidos casi invariablemente recordará haber estado soñando.

Se han postulado diversas razones para explicar diferencias tan marcadas en la habilidad para recordar los sueños.  Según algunos investigadores la explicación consiste en que algunas personas se despiertan con facilidad durante la etapa MOR que como ya hemos visto es la etapa donde se producen la mayoría de los sueños.  Estas personas podrían recordar sus sueños con más facilidad que las personas que tienen un sueño más pesado.  Una teoría que goza de gran aceptación postula que para recordar los sueños es necesario gozar de un corto período libre de distracciones inmediatamente después de despertarnos.  Si este período no se da la memoria de los sueños no se consolida.

Al cumplir 70 años de edad una persona habrá pasado entre 20 y 25 años dormido, de los cuales unos cinco a seis años los habrá pasado en la etapa MOR que, como veremos, es la etapa donde se reporta una mayor cantidad de sueños y en donde estos son más vívidos.  En total, es común que durante su vida una persona tenga sobre 130,000 sueños.




En 1953 Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman descubrieron la etapa del sueño conocida como movimientos oculares rápidos




 Los terrores nocturnos se dan más bien durante las primeras dos horas de habernos quedado dormidos, al comenzar la cuarta etapa del sueño.